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Ubicada en la bahía del mismo nombre y al norte del País, para llegar aqui puede hacerlo desde la cercana Puerto Cortés o
bién desde San Pedro Sula, distante unos 65 kilometros ( 40 Millas), en un viaje de unos 45 minutos.
Aparte del recorrido en la fortaleza, podrá visitar el museo local y no está demás que al final de su visita se dirija
a la playa a disfrutar de un baño y de un suculento pescado en los diferentes restaurantes de la zona. "Indudablemente
el Castillo de San Fernando de Omoa es una de las grandes obras materiales que recuerdan la dominación de España en la América
Central.
Construido en la Segunda mitad del siglo XVIII con la mira de defender las costas del norte contra los corsarios ingleses
que perseguían nuestro comercio. El ingeniero español, señor Navarro (Luis X) que visitó la América Central en 1743-1744.
Reconoció entonces el fondeadero de Omoa; y en informe extendido por él en 1745 en la ciudad de Guatemala dijo a este respecto
lo que sigue : " Ese Puerto es el más seguro, limpio y recogido de toda la costa de Honduras.
Por cuyo motivo me ha parecido a propósito que sea fortificado, a menos costo y riesgo que el de Trujillo. La obra terminó
en 1775, bajo el gobierno del mariscal don Martín de Mayorga. El plano final de dicha Fortaleza (propuesto por un cierto Conde
de Aranda, Director General de Ingenieros de los Reales Ejércitos, el 15 de Diciembre de 1756) era un compromiso económico
que dió lugar a una innovación en el diseño militar. Evidentemente, el castillo de cuatro baluartes de probada excelencia
estrátegica, fué relegado para dar paso a una construcción más barata.
Por esto, aunque una fortaleza de tres baluartes siguiera teniendo un diseño controversial, tenía la clara ventaja de
ser económica. El Recinto "El Real", cuyas paredes aún se yerguen adyacentes a la Fortaleza, fué establecido como
guarnición temporal para proteger los pertrechos, las tropas y los obreros en los comienzos de la construcción de la Fortaleza.
Anterior en fecha y rodeando a El Real, aunque ya no visible sobre la superficie del terreno, había una empalizada de
madera que databa probablemente del año de 1752, el mismo año en que se inició la construcción del Recinto .
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